Por Franco Eugenio Nanni, Economista - Docente de la UNT

Los últimos 50 años de tasas de crecimiento en el mundo, mayoritariamente positivas, parecían mostrar un escenario para el siglo XXI de crecimiento siempre sostenido. Sin embargo, en 2008, 2009 y 2010, la economía mundial atraviesa la primera crisis del siglo. Esta recibió un tratamiento, por parte de los países desarrollados, explícitamente keynesiano. Casi sin medir los costos de corto plazo los gobiernos inyectaron liquidez, realizaron salvatajes billonarios de bancos y de empresas y redujeron las tasas nominales de interés a casi cero, con tasas reales tal vez negativas. Como suele pasar en las crisis económicas, siempre se busca a los culpables y el resultado de la búsqueda suele alcanzar consenso de que los villanos están representados por un conjunto de: banqueros inescrupulosos, comerciantes y corporaciones, especuladores, gobiernos derrochones, etcétera.

Este tipo de análisis (basado en la búsqueda de los culpables) es similar al de los procesos inflacionarios severos: en efecto suele adjudicarse la culpa de la inflación a almaceneros, comerciantes, corporaciones y multinacionales cuando todos sabemos que la inflación es un problema institucional centrado en la moneda, en su exceso.

Lo curioso es que las crisis económicas son también un problema centrado en la moneda (en una falta de moneda). Hay crisis económicas porque hubo antes destrucción de dinero y es por eso que los gestores de la política económica en el mundo decidieron bombear hacia el sistema grandes cantidades de dinero intentando neutralizar la destrucción.

Todo sistema fiduciario se basa en una moneda cuya existencia es no-física sino simbólica: hay una parte que consiste en papel (sin ningún valor excepto la confianza en el mismo) y otra parte que es virtual (creación de dinero secundario o bancario). No hay respaldo real para el dinero salvo los bienes que el dinero puede comprar. Además de que el dinero con existencia física es sólo una parte del dinero total, la cantidad total de dinero es sólo una parte del poder de compra y esto es así debido a que el dinero circula (una misma unidad, $ 1 compra, por ejemplo, $ 10 en un año). En el caso de que la velocidad de circulación fuera 10. Es decir que para comprar $ 10 de bienes en un año determinado en un país determinado bastaría tener $ 0,50 de dinero físico, que se transformaría en $ 1 de dinero total debido a la creación secundaria del sistema bancario y el que rotaría 10 veces al año (lo que permitiría obtener un poder de compra de $ 10). El dinero de existencia física sirve para financiar poder de compra por un valor mucho mayor.

Ahora supongamos que por alguna razón (temor, desconfianza, etcétera) el público se abstiene de gastar y, además, decidiera retirar su dinero del banco (y entonces el $ 1 original se transformara en $ 0,90). Bajo estas hipótesis, el poder de compra, que era de $ 10 al año por cada $ 0,50 de existencia física, seria ahora de $ 7,2, lo que significa una destrucción del poder de compra de un 28%.

Como los precios en general no van a caer 28% la única opción posible es que caiga el producto y esto es lo que se conoce como una crisis económica.

Supongamos que todo este proceso empieza en un país (o en una agrupación de países) grande e influyente para las finanzas del mundo. Debido a la globalización, esta información se transmitirá rápidamente al resto de los países y los agentes económicos actuarán parecido (reducirán sus compras de bienes en el mercado y sus depósitos de dinero en el sistema bancario). La crisis económica se genera en virtud de una preferencia del público por el dinero frente a los bienes (reducción de la velocidad de circulación ) y de una preferencia por dinero efectivo frente a dinero en el banco. Lo que se contagia es la pérdida de confianza.